Archivos para junio, 2011

No hizo falta ningún escenario especialmente preparado para la ocasión. No había necesidad. Hubiera sido extemporáneo, fuera de lugar, inesperado por otra parte. Mantuvo la expectativa tanto como lo quiso. Le manejo los tiempos a todos y hasta le hizo albergar a más de uno la esperanza de que se bajaba. Y esta tarde volvió a pegar uno de los volantazos a los que nos tiene acostumbrados y confirmo lo que todos esperábamos.

Cristina anuncio que va por la reelección no en un acto preparado “ad hoc”, sino en uno en el que el marco fundamental fue la gestión. Y la verdad es que no podría haber sido de otra manera. Si algo caracterizo a estos 8 años de gobierno kirchnerista y particularmente los casi 4 de Cristina ha sido la gestión. Desde la fatídica noche del 18 de julio de 2008, consumada la traición del personajito radical que es Cobos, y pasados los primeros momentos necesarios para reacomodarse, Cristina ha hecho de la gestión de gobierno una marca registrada. Marca que devino en indeleble luego de otra noche dolorosa y angustiante, la del 29 de junio de 2009, cuando la consigna que surgió de Néstor y que Cristina hizo carne fue la de “vamos por mas”. Desde entonces y hasta ahora, la gestión de gobierno fue, para utilizar el primer calificativo que me viene a la mente, vertiginosa. Hoy, Cristina, por el momento elegido para su anuncio, ha revalorizado de manera superlativa el concepto de gestión de gobierno.

Hay hechos de carácter simbólico que no pueden ser soslayados. Que marcan una impronta y que definen un sello personal, tanto desde la perspectiva del gobierno en su conjunto como de la presidenta en lo estrictamente individual. La famosa resolución 125, que derivo en el conflicto con el sector más reaccionario y conservador de lo que comúnmente denominamos “campo” y el impulso y posterior debate de una nueva ley de radiodifusión, así como su aprobación por amplia mayoría en el congreso de la nación, constituyeron los dos ejes dominantes del carácter eminentemente inclusivo de la gestión de gobierno de Cristina Fernández. No creo que haga falta explicar porqué considero a esas dos medidas de gobierno como profundamente inclusivas. Ambas iniciativas jodieron de manera profunda al establishment corporativo, más aún que la reestatizacion de los fondos de los jubilados en manos de las AFJP, la decisión de pagar la deuda con reservas del Banco Central o la Asignación Universal por Hijo. Fueron acaso las medidas de mayor trascendencia porque tocaron directamente en el corazón de esos sectores dominantes que, por primera vez, sintieron una estocada certera que ponía en jaque claramente a sus factores de dominación. Los dueños de la tierra que sentían en carne propia el peso de la justicia distributiva y los dueños de los medios monopólicos que creyeron que estaban a salvo de manera perenne en el manejo de la información a su absoluto antojo. Todo lo demás era tolerable. Esas dos medidas no.

Cristina formalizó su anuncio de que va por la reelección en el medio de un acto de gobierno (léase “gestión de gobierno”) en el que profundiza de manera clara y contundente la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. De ninguna manera fue un hecho casual. En todo c aso marca claramente cuál es el sentido último del proyecto que encabeza. Y sabe, claramente, que no hay mejor manera de asestar golpes contundentes allí donde más duelen en el momento oportuno. No hay inocencia en la elección del momento porque es una manera de seguir marcando la cancha, de reiterar por dónde va el carril de la lucha y, sobre todo, por donde seguirá discurriendo durante los próximos cuatro años.

Adoptada la decisión, todo lo demás no importa. No importa la imbecilidad senecta de Pino Solanas, no importa la soberbia de Duhalde, no importa la grosería resentida de Carrió y de Mauricio Macri, no importa la necesidad sicológica de negar la realidad de Graciela Camaño, Patricia Bullrich o Gerardo Morales o la manifiesta pusilanimidad de Ricardo Alfonsín cuya gravedad ha de haber hecho que su padre se remueva de indignación en su tumba. Saben que serán los derrotados inexorables de octubre. No tienen ni pueden hacer o decir otra cosa. Capítulo aparte merecen los mercenarios del denominado periodismo independiente que tendrán que ir pensando desde ahora que harán con sus vidas profesionales a partir del 23 de octubre próximo. Y no me refiero indirectamente o solamente a las plumas consagradas de los medios en los que trabajan sino también a los secuaces que por un cheque mensual más o menos importante se someten indignamente a los dictados de sus patrones de ocasión. El próximo post estará plenamente dedicado a esos pedazos de mierda que se escudan en el presunto “cumplimiento de órdenes” o en el argumento de “preservar sus fuentes de trabajo” porque ya es hora de mencionarlos con nombres y apellidos.

Mientras tanto celebremos. Más allá de las dudas o los sobresaltos, Cristina es candidata a la reelección en octubre. Preparemos las copas para brindar por el país con el que durante tanto tiempo soñamos. A partir del 10 de diciembre de 2011 comenzarán otros 4 años de gestión que permitirán profundizar un modelo de nación anhelado por millones de argentinos. Las batallas por librar serán tan o más duras que las anteriores. Pero la fortaleza de espíritu forjada durante estos 8 años de gestión kirchnerista permite avizorar un horizonte combativo pero sólido a la hora de enfrentar a los enemigos de siempre. Ya los conocemos claramente. Ahora llega la hora de enfrentarlos con mayor embate y entereza. No hay otro destino final que la victoria. De nosotros, no solo de Cristina, depende alcanzarlo.

Aconsejan no hablar ni escribir en caliente para no correr el riesgo de perder la perspectiva o de pisar el acelerador más de la cuenta. Esperé más de 3 años para escribir estas líneas. Desde el 19 de mayo de 2008, para ser más exactos. Hoy ya estalló todo. Y estalló de la peor forma. Nada de lo que diga entonces, excederá ningún límite. Todos han sido destruidos  en apenas una semana. Aquí voy.

Hay una mezcla de tristeza, bronca, dolor, decepción, desazón, que deja un sabor amargo en lo más profundo del alma cuando uno ve que lo que muchos advertimos hace ya varios años y que vos, Hebe,  no aceptaste mirar con seriedad y detenimiento, te tome supuestamente de sorpresa.

“Estoy embroncada con Sergio” afirmaste en una entrevista en la tele. Y diste tus razones para tal enojo. Sin embargo a el le dedicaste un comunicado cuando salto el desmadre,  en el que le agradeces (vos y las madres) los servicios prestados a la fundación. Lo dejaste casi como un gentleman. Pero a muchos otros compañeros que sí dejaron todo en su paso por las Madres los despediste con una patada en el culo, sin siquiera darles la explicación que se merecían, sin darles la oportunidad de ser escuchados. Y menos que menos, dedicarles un comunicado de despedida como a Sergio.

“Mi deber es limpiar todo, por eso separamos a Pablo y a 16 personas más de la fundación”, dijiste después. Está muy bien eso de limpiar y mantener todo en pulcritud. Pero durante todos los años que tuviste a Sergio lo único que hiciste fue depositar la basura debajo de la alfombra. Quisiera que les preguntes a Vicente Zito Lema o a Carlos Aznares si ellos vieron, durante sus años de trabajo y dedicación a pleno con las madres,  algún intento serio de “limpiar” como vos decís que hacés ahora.  Y conste que ellos fueron víctimas del accionar de Sergio. La tierra debajo de la alfombra se oculta durante un tiempo. Solo mientras la alfombra aguante. Pero no se desecha. Se queda allí mientras tenga lugar.

“No voy a hablar de puteríos ni pelotudeces” afirmaste también (haciendo un mix de tus declaraciones en los días inmediatos a que se conociera el escándalo). Muchos hasta se permitieron pensar que la salida de Sergio había sido por otros motivos que los que se daban a conocer a través de los medios.

Poco después, lo que antes fueron puteríos se convirtieron en verdades concretas. Sucumbiste a la lógica de la información: tuviste que salir a reconocer lo inevitable, lo que todos sabíamos, mucho más quienes habíamos trabajado con vos y soportado la presencia intolerable de Sergio a tu lado y el de las madres.

Hoy, ese tipo está hasta las manos, investigado por un juez federal, con sus bienes interdictos, con prohibición de salir del país, sospechado de lavar dinero, de haberte y haberlas estafado, luego de llevar un ritmo de vida muy por encima de las posibilidades que le permitía el sueldo que ganaba mientras estuvo en la fundación.

¿Tan ciega estabas que no pudiste siquiera sospechar de nada extraño mientras lo tenías al lado? ¿Tan incapaz fuiste de advertir lo que todos advertíamos o en realidad no querías ver lo que era una verdad incontrastable?

No puedo olvidarme de las caras de incredulidad y sorpresa de muchos de quienes trabajábamos contigo, en abril de 2007, incluyendo las de algunas madres, cuando Shocklender les regaló una camioneta Mercedes Benz 0 kilómetro para transportar a las madres en sus constantes y frecuentes viajes. Era el regalo personal de Sergio a las madres en su cumpleaños número 30. ¿No te hizo ruido ese regalo, tal como nos hizo a muchos de nosotros?

¿Qué pasó Hebe, que no te diste cuenta a tiempo de lo que quería hacer Sergio con vos, las Madres, la fundación y con toda la historia de 30 años de lucha? ¿Cómo es que recién ahora admitis que lo que quería ese sujeto era convertir a la fundación en una empresa?  ¿No viste que eso fue lo que procuró durante todo el tiempo que estuvo a cargo de todo (pero, de todo eh?, sin que falte nada)? Resultaba increíble en aquellos años, tanto como hoy, que vos no supieras de los manejos y comportamientos mafiosos de Sergio, las amenazas, el maltrato, la insolencia con la enorme mayoría de los compañeros de la fundación y la asociación.

Sergio intimidaba a la gente. Sabía, era claramente consciente, que su pasado ponía incómodo a más de uno. Y se aprovechaba impune y cruelmente de lo que su presencia provocaba en los demás. Lo trabajaba como un arma de presión.

Tampoco resultaba posible entender cómo vos permitías, por acción u omisión (vaya uno a saber) que Sergio se rodeara de verdaderos malandras que actuaban como guardianes de su propia persona. Personajes con prontuarios policiales que no le iban en zaga al que portaba Sergio. Te recuerdo un nombre solamente: Chancalay. ¿Te suena? (Para saber algo más de este personaje hacer click aquí)

La discriminación en materia de asignación de recursos era moneda corriente y vos lo sabías Hebe. Cuando en el 2006 la misión Sueños Compartidos era un proyecto que recién comenzaba a tomar cuerpo, las cosas desde el punto de vista administrativo parecían normales. Se pagaban los sueldos con puntualidad, el dinero para el funcionamiento de la Radio de las Madres fluía puntualmente, y a simple vista no se observaban erogaciones que pudieran levantar sospechas. Pero a fines de ese año y sobre todo desde el 2007, cuando Sueños Compartidos ya era una realidad, llamaba poderosamente la atención que ese proyecto tuviera la prioridad absoluta en todos los órdenes. Al comienzo, nuestra candidez no exenta de inocencia idiota, nos hacía creer que la primacía de Sueños Compartidos se anclaba en la necesidad de concretar los sueños de miles de familias que jamás pensaron en acceder a una casa propia. Y si bien hubo muchísimos beneficiados con esa iniciativa, algo que se podía corroborar hablando con los receptores de las casas, había “cosas” en el ambiente que no terminaban de cerrar, que no encajaban dentro de la lógica de funcionamiento de una organización defensora de los derechos humanos.

Solo una relación de orden patológico puede explicar semejante grado de ceguera. Resultaba curioso: una madre que perdió a sus hijos durante la dictadura embelesada por un sujeto que se cargó a los padres por mano propia durante esa misma dictadura. Vaya uno a saber qué habrás visto o proyectado en la figura de Shocklender para adoptarlo nada menos que como a un hijo. Era casi insultante que esa persona pudiera siquiera ser equiparada a los hijos de las Madres (ahora sí, con mayúscula). Sin embargo vos te encargaste de ponerlo en el mismo plano.  Y no te importó el malestar de varias madres que nunca entendieron ni mucho menos justificaron semejante entente. Allí estaban ellas, segregadas, apartadas, casi escondidas, por haber marcado desde el silencio su disconformidad con ese vínculo. Se estaba con Sergio y por ende contigo, o se estaba en contra de toda la organización. Empleaste la misma lógica de la dictadura. No había lugar para el disenso. Y el que lo manifestaba aunque sea de modo indirecto, se quedaba afuera. La lista de víctimas no es pequeña. Ya se conocerá, por ellos mismos o por otros. Pero se sabrá.

Ahora no hay vuelta atrás Hebe. El daño ya está hecho. No solo los medios hegemónicos, que buscan pegarle al gobierno a través de la exacerbación del escándalo, pretenden horadar la base misma de esa organización de derechos humanos,  quizás la más importante del mundo. La llegada de Shocklender de tu mano fue el comienzo del final. No había otro posible. Era cuestión de tiempo.

Uno supone que te estarás dando cuenta por estas horas, del daño tremendo que además le aplicas al gobierno que siempre dijiste defender. ¿Cómo explicar ahora lo inexplicable? ¿Cómo lograr escindir el desmadre de tu organización del gobierno nacional sin dejar heridas profundas que pueden poner en juego seriamente su continuidad? ¿Acaso no decías que los gobiernos de Néstor y Cristina eran los que más habían hecho por los desaparecidos, torturados, asesinados y perseguidos por la dictadura militar?  ¿Cómo compatibilizar ahora ese discurso con el desaguisado que reina en la fundación y que deja al gobierno en medio de un tembladeral que será aprovechado por más de uno? ¿No sentís que traicionaste la confianza que fue depositada en vos y las madres al haber respaldado con tozudez y altanería al tipo que hoy realiza un raid para nada menor ante la justicia? Te diría que hoy es mayor el esfuerzo que pone el gobierno en ayudarlas a despegar del escándalo de lo que lo ayudas vos, primero negando todo y luego admitiendo el episodio.

Shocklender nunca tuvo en su mente otra cosa que escudarse en tu figura y en la de las madres en su conjunto, para limpiar su imagen, procurar reconvertirse en un altruista, hacerse pasar por alguien que buscaba redimirse  de sus pecados. Qué mejor que hacerlo en el marco de la imagen   indiscutida de las madres para lograr su objetivo. Pero ese solo intento pone en evidencia la perversidad del comportamiento de Shocklender. No había barreras ni éticas ni morales para alcanzar el fin. Porque un sicópata no entiende el significado de tales conceptos. Por eso fue capaz de hacer lo que hizo.

Suponer que hoy Shocklender pueda tener algún tipo de arrepentimiento es tan absurdo como creer que los ángeles tienen sexo. El sicópata, en su desorden mental, jamás siente culpa. Se autoconvence de que su comportamiento es el correcto. Que los caminos que elije son los únicos posibles. Que las herramientas que emplea para alcanzar sus objetivos están bien utilizadas. Y que los costos que se paguen para ello son los razonables. Solo así se puede explicar (que no justificar) que alguien asesine a sus padres para resolver los siniestros conflictos que enmarcaban sus relaciones parentales. Lo que molesta o estorba, se elimina. Y punto.

Por eso, por esa historia que trae Shocklender y de la que no podrá desprenderse nunca, aunque haya pagado ante la justicia su responsabilidad por los delitos cometidos, es que fue capaz de destruir lo que vos y las madres construyeron durante más de 30 años. Y digo destruir porque el punto no es que Shocklender vaya a la cárcel una vez más para pagar los delitos que presuntamente habría cometido. El punto es si se puede reconstruir lo que ese sujeto destruyó para tratar de obtener un beneficio personal a costa tuya y de las madres. Y por esa misma razón considero que el daño mayor no lo hacen ni los medios hegemónicos ni la oposición que se monta en la cresta de la ola para ver si gana algún puntito a su favor. Lo hizo Shocklender con la inestimable ayuda de tu ceguera, tu vinculación patológica y una inexplicable cuota de candor e inocencia al creer plenamente en su comportamiento y reconversión. Es muy poco serio, Hebe, haber creído  que un parricida pueda de la noche a la mañana y cárcel mediante, convertirse en un adalid de la revolución. Esa misma revolución por la que dieron sus vidas los 30 mil. Pero vos le creíste.

Por eso el título. Porque Shocklender ha vuelto a matar. Con la misma perversión con la que asesinó a sus padres, te ha matado a vos y a las madres. Es verdad que la historia suele no repetirse. Pero cuando lo hace, deja su sello inapelable. Esta es una de esas ocasiones. Lástima que te toque a vos protagonizarla.