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Es inevitable seguir posteando en torno de las revelaciones de Wiki Leaks, sin dudas una de las noticias más trascendentes del año. En este caso es muy interesante ver la reacción en cadena de las principales estaciones de tv norteamericanas, que no vacilaron en señalar a Julian Assange, el fundador de la red, como el “enemigo numero 1 de Estados Unidos”. Incluso se permitieron hablar de un nuevo “terrorismo”.

Parece insólito, pero no lo es. Un sitio de internet, que se dedica a indagar y averiguar en los puntos más oscuros del poder mundial, utilizando herramietnas de características periodísticas, para develar las cuestiones ocultas y, hasta ahora, mejor guardadas de ese poder, es temerariamente calificada de “terrorista” por canales de tv norteamericanos.  Este comportamiento da cuenta del doble standard discursivo de los medios hegemónicos estadounidenses. Son los mismos canales de televisión que permanentemente ocultaron de manera deliberada las atrocidades cometidas por las fuerzas militares norteamericanas en Irak, las cárceles clandestinas en diferentes países europeos, las canalladas que se siguen cometiendo en Guantánamo, que agitaron a más no poder el fantasma de Bin Laden como el enemigo declarado de la humanidad, que celebraron la aplicación de ese instrumento digno del peor fascismo como es la Patriot Act que le quita toda privacidad y defensa al ciudadano norteamericano, por poner solo algunos ejemplos. Y por como se vienen dando las cosas, no hay indicios de que esto se detenga aquí. Habrá más novedades para este “boletín”…sin dudas…

Pocos minutos antes de que comenzara este lunes, publicaba en el post anterior las revelaciones del sitio Wiki Leaks sobre centenares de miles de documentos de Departamento de Estado y el Pentágono que hasta hace unas horas eran secretos y que ahora son leídos con atención hasta por el guardia de seguridad de una pizzería en Villa Lugano.  Y puntualmente hacía referencia a la manera en que el sitio on line de Perfil tituló la información: “El gobierno de EE.UU. pidió informes sobre la salud mental de Cristina”. Un dato entre los millones que contienen esos documentos. Uno más entre pedidos de informes sobre la mayoría de los líderes del mundo sobre quienes Estados Unidos dejó caer sospechas y condenas anticipadas mientras hacía gala de buenas y hasta excelentes relaciones con esos países.

Y me anticipaba tibiamente a lo que sentía iba a ser el tratamiento de los medios hegemónicos respecto de esta información. La portada de papel de la edición de hoy de La Nación confirmó las sospechas. El título central del diario tribunero de doctrina refiere, precisamente, al pedido de informes sobre Cristina Fernández. En páginas interiores, Carlos Pagni, cebado como una fiera, se abalanza sobre la figura de la presidenta retomando el cuento aquel que dice que sufre de un “trastorno bipolar” como para tratar de brindarle entidad al supuesto pedido de informes sobre su salud mental. Clarín, en cambio, eligió no poner la información en su portada pero sí reproducirla en sus páginas interiores, pero llamativamente no hace hincapié sobre Cristina. Menciona el episodio como uno más de los tantos que se han revelado. Esta tarde Perfil sigue alimentando su obsesión por el tema Cristina-Wiki Leaks y anticipa que mañana el diario español El País publicará el cable con el presunto pedido sobre la presidenta argentina.

El resto de los diarios abordó la información dese su costado más espectacular, destacando la lista de nombres de líderes políticos en actividad o retirados que fueron objeto de las averiguaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses. Salvo alguna excepción, casi ninguno trazó un análisis mucho más abarcativo respecto de la gravedad que supone este episodio. No debe ser sorpresivo para nadie enterarse de que Estados Unidos investiga y somete al más bajo espionaje a buena parte de quienes dirigen los destinos de la humanidad. Desde su creación, en 1947, la CIA ha llevado adelante operaciones de esa naturaleza que nunca le dieron los resultados buscados. La sucesión de fracasos en cadena que hubo de experimentar esa crucial oficina del gobierno norteamericano la ha dejado expuesta como una de las más ignorantes a la hora de intentar realizar un estudio serio acerca de la realidad mundial. Estados Unidos jamás pudo comprender la evolución política, social y económica del resto de los países si no era a través del cristal con el que mira su propia lógica interna. Más de medio siglo sin modificar sus puntos de vista no podían traer otra cosa más que derrotas en todos los planos, inclusive la militar, como en Viet Nam o Irak

Hoy, frente a las revelaciones de Wiki Leaks, todo el mundo apunta al mensajero. Medios locales e internacionales fustigan al portal por haber difundido esa información. Reproducen voces de mandatarios preocupados por las revelaciones y por cómo podrían afectarlos en las horas inmediatas.

Reflejan la indignación de la Casa Blanca por lo que, de manera solapada, consideran un ataque a los asuntos internos de una nación como Estados Unidos. Se convierten en sus voceros y defensores de sus intereses. Pero nadie sale a hacer un análisis serio y una condena severa al hecho que verdaderamente constituye un agravio para el sentido común y que es, precisamente, el espionaje y el seguimiento furtivo sobre el resto del mundo. Ese es el verdadero eje central de la noticia y en torno del cual ha girado la política exterior norteamericana en el último medio siglo. A nadie parece preocuparle semejante despropósito. Pero sí en cambio apuntan contra quien accedió a la información y la pone al descubierto para consolidar con pruebas irrefutables lo que durante décadas se sabía pero sobre lo que nadie aportaba una prueba material concreta.

En el plano local, da pena ver el comportamiento de nuestros medios monopólicos y hegemónicos y sus pequeños satélites como Perfil. Echar mano de un dato que puede estar atado a una versión echada a correr por el semanario de Fontevecchia hace 5 años y que nunca tuvo anclaje en ninguna documentación elaborada con seriedad y solvencia profesional, evidencia el grado de impericia profesional y de debilidad política. No debe sorprender que la Casa Blanca haya tomado esa información interesada para desplegar la elaboración de un informe que no habrá tenido ningún resultado. Forma parte de la ignorancia de la que hablé más arriba. Indigna sí que algunos medios se monten sobre esa información para seguir profundizando los ataques al gobierno. Si para ello precisan de este tipo de operaciones, queda claro que se les están acabando los flancos y los argumentos para sus ataques. Han evidenciado un oportunismo mayúsculo para extraer de una de las noticias más trascendentes del año, un elemento que les permita golpear sobre la presidenta y su gobierno. Pero de análisis serio y profundo, que le permita a la opinión pública entender el alcance y la gravedad de la revelación, ni una palabra. Importa lo doméstico, lo chiquito, lo coyuntural. Y eso demuestra una vez más que, igual que sus mandados en el parlamento, han perdido el rumbo de manera irreversible.